Terrazas y comercios en el centro histórico de Barranquilla, Colombia

Del mostrador al clic: así se teje la economía circular en los barrios de Barranquilla

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Terrazas y comercios en el centro histórico de Barranquilla, Colombia

Esta semana, la Alcaldía de Barranquilla instaló una mesa de trabajo interinstitucional con un encargo ambicioso: construir la primera Política Distrital de Economía Circular de la ciudad. Alrededor de esa mesa se sentaron academia, empresarios, recicladores de oficio, la empresa de acueducto Triple A y las autoridades ambientales, todos con la tarea de diseñar una hoja de ruta que una los esfuerzos sueltos de sostenibilidad que hoy existen en distintos sectores. Suena a asunto de grandes industrias y residuos, pero en el fondo toca algo mucho más cercano: cómo compramos, dónde compramos y qué tan lejos tenemos que ir para conseguir lo que necesitamos.

Porque mientras el Distrito diseña su hoja de ruta institucional, en las esquinas de cada barrio hay otra transición ocurriendo, mucho menos coordinada y bastante más urgente: la de los tenderos que sostienen, silenciosamente, buena parte de la economía cotidiana de la ciudad.

Una hoja de ruta para una ciudad que se piensa distinta

La nueva mesa de economía circular busca, entre otras cosas, crear un sistema de datos para medir avances reales, incentivar compras públicas más sostenibles y promover programas de innovación y emprendimiento circular. La apuesta de fondo es que Barranquilla se convierta en referente nacional de un modelo que combina aprovechamiento de residuos, eficiencia energética e hídrica y consumo responsable. Es una señal importante: la sostenibilidad urbana dejó de ser un discurso aislado de ambientalistas para convertirse en política pública con participación del sector productivo.

Pero una hoja de ruta circular no se construye solo con grandes empresas y plantas de reciclaje. Se construye también, y quizás sobre todo, con los cientos de miles de pequeños negocios que ya practican -sin llamarlo así- una economía de proximidad: la tienda de la esquina que evita que el cliente saque el carro para comprar el mercado, el restaurante del barrio que no necesita una app de domicilios que cobre comisiones desproporcionadas, la peluquería del conjunto residencial que atiende a cinco cuadras a la redonda.

El tendero, en modo supervivencia

Ahí es donde el panorama se complica. Una encuesta reciente entre tenderos de Barranquilla reveló que más del 60% destina más del 10% de sus ingresos solo a arriendo y servicios públicos, y cerca de la mitad reporta márgenes de ganancia cada vez más estrechos. La inseguridad también pesa: seis de cada diez tenderos dicen haber notado un aumento de la delincuencia en su zona, y muchos han tenido que instalar rejas o alarmas, recortar horarios o restringir el fiado que durante generaciones fue parte del pacto social del barrio.

El dato que más debería llamarnos la atención, sin embargo, es otro: casi la mitad de estos negocios todavía no usa WhatsApp ni redes sociales para vender, y la enorme mayoría carece de cualquier sistema de punto de venta. No es falta de ganas -es falta de herramientas pensadas realmente para su realidad. Mientras las grandes cadenas automatizan inventarios y ofrecen domicilios en minutos, el tendero de barrio sigue anotando fiados en un cuaderno y esperando a que el cliente pase por el local, porque ninguna plataforma se diseñó pensando en su tamaño, su margen ni su forma de trabajar.

La proximidad como respuesta, no como nostalgia

Aquí conviene recordar de qué habla realmente la tan citada “ciudad de los 15 minutos”: no es una utopía urbanística lejana, sino la idea sencilla de que las necesidades cotidianas -comer, surtir la despensa, resolver un mandado- se puedan resolver caminando o en un trayecto corto, sin depender del carro ni de largos desplazamientos. Cuando eso ocurre, se reducen las emisiones asociadas al transporte, se fortalece el tejido social del barrio y el dinero circula más veces dentro de la misma comunidad antes de salir de ella. Es, en el fondo, economía circular aplicada a la vida diaria: no solo reciclar materiales, sino reciclar trayectos, tiempo y confianza vecinal.

Para que esa ciudad de proximidad funcione, los negocios de barrio necesitan dar el salto digital sin perder lo que los hace valiosos: la cercanía y la confianza directa con el cliente. Ese es exactamente el espacio en el que trabaja Menube, conectando tiendas, restaurantes y servicios de barrio en Barranquilla, Soledad, Puerto Colombia y otras ciudades con las comunidades que los rodean, para que puedan publicar su catálogo y coordinar pedidos por WhatsApp sin depender de plataformas costosas ni ajenas a su realidad. No se trata de reemplazar al tendero ni al comerciante de siempre, sino de darle las mismas herramientas de visibilidad que hoy tienen las grandes cadenas, sin que eso implique perder margen ni identidad.

La política de economía circular que Barranquilla empieza a construir y el esfuerzo diario de miles de tenderos por sobrevivir son, en realidad, dos caras de la misma conversación: una ciudad más sostenible se construye barrio por barrio, negocio por negocio, pedido por pedido. Desde Menube seguimos apostando a que la digitalización sea, para el comercio local, una herramienta de resistencia y crecimiento -no un privilegio reservado para unos pocos.

Fuente: El Heraldo – https://www.elheraldo.co/atlantico/2026/09/13/distrito-instala-mesa-para-construir-su-politica-distrital-de-economia-circular/

Fuente: El Heraldo – https://www.elheraldo.co/economia/2026/05/17/tenderos-en-barranquilla-bailan-con-la-mas-fea-para-poder-sostener-su-modelo-de-negocio/

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